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AGRO20: La ecología política: una ideología global y transformadora

Ante la crisis ecológica generalizada, sinónima de crisis de modelo y de civilización y que hace peligrar la supervivencia civilizada de la humanidad

ENVIADO POR: ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 13/03/2013, 12:09 H | (4) VECES LEÍDA

Publicado en la revista Cuides, nº9, octubre 2012 (*). Este es el quinto artículo de ocho en la serie “¿Qué es la ecología política? Una vía para la esperanza en el siglo XXI”.

Ante la crisis ecológica generalizada, sinónima de crisis de modelo y de civilización y que hace peligrar la supervivencia civilizada de la humanidad, la ecología política se marca como objetivo convertirse, tanto en la teoría como en la práctica, en una alternativa a la sociedad industrial, es decir, en un pensamiento crítico, global y transformador. Tras analizar su enfoque antiproductivista, dedicamos este artículo a profundizar en su carácter transformador.

2. La ecología política como búsqueda de sentido

 

Frente al sistema productivista, la ecología como ideología «prescribe su forma particular de sociedad», donde la cuestión de la orientación y de los fines de la producción y del consumo (es decir, en el fondo, la cuestión existencial de 1968) se erige como uno de sus núcleos centrales. Así, mientras que en su origen la ecología era una disciplina científica,(1) «la ecología de la especie humana difiere de la ecología de las demás especies animales», puesto que los seres humanos —al contrario del resto de las especies— «son animales no solamente sociales sino también políticos» (Lipietz, 2000a). El paso de la ecología como ciencia a la ecología como pensamiento político introduce entonces la cuestión del sentido de lo que hacemos, lo cual implica una serie de interrogaciones: ¿en qué medida nuestra organización social, la manera en que producimos, en que trabajamos, en que consumimos, modifican nuestro medio ambiente? ¿Cómo entender la combinación, la interpenetración de estos factores en su acción sobre el medio ambiente? ¿Favorecen o no a los individuos estas modificaciones? (ibídem). Dicho de otra manera, la ecología política, además del oikos (casa) y del logos (estudio), es la polis, es decir, el lugar donde los ciudadanos discuten y toman las decisiones. Por lo tanto, la ecología política «es el lugar donde se delibera sobre el sentido de lo que hacemos en casa» (Lipietz, 2000b).

Siguiendo esta definición, la ecología política plantea preguntas de gran calado para las sociedades industriales, tanto las (post)fordistas como las de economía de planificación centralizada —¿para qué?, ¿por qué?, ¿cómo estamos produciendo?—, lo que Roustang resume de la manera siguiente:

“La oposición capitalistas/trabajadores ya no es determinante. De hecho, incluso suponiendo que la producción se reparta igualmente entre el capital y el trabajo, la cuestión de la orientación de la producción se plantearía de manera crucial. (2003: 125)”

Dicho de otra manera, para la ideología productivista, la contradicción capital-trabajo se puede resolver, por lo menos de forma temporal ya sea a través del mercado (liberalismo) o del Estado (socialismo), gracias al crecimiento de la productividad,(2) que garantizará a su vez una base material para la ansiada paz social. Sin embargo, esta teoría subyacente del “cuanto más se produce, mejor se vive” introduce una contradicción más profunda entre capital y naturaleza que la lógica del crecimiento es incapaz de superar. La cuestión de la orientación de la producción y del consumo (¿por qué? ¿para qué producimos, trabajamos, consumimos?), es decir la cuestión del “¿qué hacemos con los recursos limitados que tenemos?” es por tanto central. En este contexto, la ecología política debe proponer una visión global de la sociedad, de su futuro, de las relaciones entre seres humanos, de las relaciones entre éstos y su entorno natural y de las actividades productivas humanas. Desde la perspectiva del ecologismo, no se puede hoy pensar un modelo de producción y de consumo que no sea al mismo tiempo humano (justo) y sostenible. Como apuntan las voces críticas al ecologismo, ¿de qué sirve la sostenibilidad ecológica si mientras tanto las riquezas naturales y productivas se quedan en manos de una elite, provocando desigualdades, hambrunas, guerras, injusticia, etc.? Pero, a la vez, podemos darle la vuelta a la pregunta: ¿qué valor tiene el bienestar de una sociedad y de sus miembros si ese mundo no ofrece la viabilidad a largo plazo para las generaciones futuras y si no asegura la supervivencia de la especie humana en condiciones decentes? Sin duda, al introducir los conceptos de solidaridad planetaria, intergeneracional y también interespecies, la ecología plantea preguntas polémicas, sobre todo para los movimientos sociales y políticos catalogados como «progresistas». Más allá de las etiquetas que cada cual se otorgue, es poco probable que podamos llamar “progresista” una ideología que no incorpora los nuevos conceptos de solidaridad y cuyas lógicas ideológicas descansan en postulados productivistas.

Por otro lado, una ecología política que lucha en contra de un sistema coherente —el productivismo (y todas sus ramificaciones)— y que pretende cambiar sus hábitos, valores y códigos no puede entenderse como el apéndice medioambiental de otra ideología. Afecta directamente al corazón y a todos los aspectos de las sociedades humanas, puesto que vincula la sostenibilidad ecológica con la justicia social, tanto a escala local como mundial. Contiene la idea fundamental de transformación social que la aparta de cualquier medioambientalismo. Así, mientras que Lipietz —en referencia a Karl Polyani— describe la ecología política como «la gran transformación del siglo xxi» (2002), Dobson diferencia el ecologismo del medioambientalismo basándose en esta reflexión:

“El medioambientalismo aboga por una aproximación administrativa a los problemas ambientales, convencido de que pueden ser resueltos sin cambios fundamentales en los actuales valores o modelos de producción y consumo, mientras que el ecologismo mantiene que una existencia sustentable y satisfactoria presupone cambios radicales en nuestra relación con el mundo natural no humano y en nuestra forma de vida social y política.” (1997: 22)

Desde esta perspectiva, la ecología política pasa a proponer un abanico completo de ideas y actuaciones, siempre teniendo en cuenta las relaciones íntimas que unen los ecosistemas con las organizaciones sociales. En ningún momento puede considerarse que la ecología política sea una «ideología parcial», ni que se reduzca a otro pensamiento político (capitalista, comunista o socialdemócrata —cada uno con sus numerosas variantes—). Surge en un momento histórico preciso y responde a una determinada crisis social, ecológica, económica y ética (es decir, una crisis de civilización) que los otros pensamientos mencionados no sólo no habían previsto sino que incluso habían provocado. Según los textos fundacionales de los verdes franceses, tanto el socialismo como el capitalismo privilegian la producción y descansan sobre la esclavitud del trabajo asalariado como fuente de la riqueza y como valor de referencia ético. Ambos tienden a un economismo reductor donde se olvida la dimensión humana, el deseo, la afectividad, no cuantificables. Además, estos dos modelos no se pudieron disociar de los dos imperialismos dominantes que arrastraron al resto del mundo a una competición a muerte por la hegemonía mundial. Ni en el plano económico, ni en el plano de la organización política y social, pueden servir de referencia ni aportar soluciones (Les Verts, 1984: 14). Por lo tanto, porque han sido incapaces de «pensar lo ecológico» y de no tener realmente en cuenta los factores no económicos (Viveret, 2002: 15), no se trata simplemente de reformar estas ideologías sino de proponer un nuevo camino, una nueva esperanza; en otras palabras, de realizar un nuevo proyecto civilizador.

3. La ecología política como radicalidad democrática (… ¡en la próxima entrega!..)

(*) Se basa en una adaptación y actualización de la publicación Marcellesi, F. (2008): Ecología política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde, Bilbao, Bakeaz (Cuadernos Bakeaz, 85).

(1) El término ecología fue utilizado por primera vez por el biólogo Ernst Häckel en su trabajo Morfología general del organismo (1866). Traducido del alemán Ökologie, está compuesto por las palabras griegas oikos (casa, vivienda, hogar) y logos (estudio), es decir, «el estudio de los hogares». Se refiere a la ciencia que estudia la relación triangular entre los individuos de una especie, la actividad organizada de esta especie y su medio ambiente, que es a la vez condición y producto de esta actividad, condición de vida de esta especie.

(2) Si las personas asalariadas producen cada vez más por unidad de tiempo, el capital puede conservar una parte constante, o incluso creciente, para sus beneficios, y al mismo tiempo dejar a los trabajadores parte de los aumentos de productividad para su poder adquisitivo.

Fuente: Ecoticias.com

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