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AGRO 2.0 Grandes frigoríficos brasileños se achican en la Argentina

Las grandes grupos productores de carne podrían seguir los pasos de otras compañías brasileñas y reducir drásticamente sus inversiones en la Argentina. Marfrig, la empresa que en 2007 compró aquí la marca de hamburguesas Paty (aunque luego la vendió a Brasil Foods) reconoció ayer que deberá desprenderse de algunos activos para reducir pérdidas que, en el primer trimestre, llegaron a 81 millones de reales (US$ 40 millones). En tanto, el grupo JBS (que había adquirido ocho plantas en el país), está operando solo en una.
Al igual que la minera Vale o la petrolera Petrobras, estos conglomerados alimenticios deben haberse arrepentido varias veces de sus inversiones en la Argentina, que comenzaron en 2005 con la adquisición de Swift por parte de JBS. Es que un año después, en marzo de 2006, el kirchnerismo comenzó a regular las exportaciones de carne. Y cuatro años más adelante, en 2009, se produjo una gran crisis ganadera que achicó 20% la oferta local de ganado.
Tras haber gastado aquí cientos de millones de dólares, desde aquel tiempo ambos grupos –que se han convertido en los mayores exportadores globales de carne– viven tiempos de violento ajuste. JBS, de la familia Batista, había adquirido ocho plantas de faena, de las cuales solo conserva activa la ex Swift, ubicada en Villa Gobernador Gálvez, al sur de Rosario. Es el mayor frigorífico del país, aunque por la falta de exportaciones trabaja a media máquina.
Marfrig, por su lado, demoró bastante la toma de decisiones. Recién en 2012 decidió desprenderse de la estructura vinculada con la producción de las hamburguesas Paty, cediendo ese negocio a Brasil Foods. De todos modos, conservó activas cinco plantas que había comprado a Quickfood, Estancias del Sur y AB&P.
Ahora que su balance, presentado ayer en San Pablo, delata pérdidas a nivel global, la compañía anticipó que aplicará un programa de ahorro y venta de activos. En el caso de la Argentina hay una pista, pues el escrito presentado a los inversores habla de reducir la actividad de “confinamiento” (el engorde de hacienda propia en feed lot) y del “cierre de dos plantas”, con un ahorro de 30 millones de reales.
Por cierto, lejos de donde se definen las grandes inversiones, esta situación se vive con tensión en Vivoratá, una localidad cercana a Mar del Plata donde Marfrig tiene una de sus plantas. Como allí prácticamente ya no hay operaciones, la compañía brasileña está tentando a los empleados a que acepten un retiro voluntario. Ayer, para hacer más atractiva la oferta, las autoridades de Marfrig prometieron pagarlo en tres cuotas, y no en seis como habían dicho al principio.
A la par de invertir agresivamente en la Argentina, estos grupos brasileños –generosamente financiados por la banca estatal de su país– compraron decenas de activos en otros países ganaderos, como Uruguay, Australia y los Estados Unidos.

Fuente: Matías Longoni Clarin

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